Parte 5 La Hotelería, Una historia apasionante

Hotelería y Turismo

Por: Jorge Alberto Escobar de la Cuesta

Continúa la historia de los viajes

Antes que todo: una enorme disculpa por la inexcusable y larguísima interrupción de este relato. Los pretextos son innecesarios; sin embargo, ¡cuánto ha cambiado el panorama desde ese último escrito de 2022 hasta hoy! Retomar hoy exige una visión muy diferente a la que me impulsó al inicio de este proyecto y, por eso, vamos a continuar nuestro viaje manteniendo lo único que no cambia: el pasado y la historia que es, al fin, el tema principal de este relato… y estos cuatro años sí que han sido enriquecedores.

Empecemos entonces por recordar el viaje que habíamos hecho por más de 4.000 años de historia: desde las caravanas de los primeros mercaderes durante el periodo neolítico, hasta los grandes exploradores del Renacimiento y los inicios de la Edad Moderna.

Prometí que iniciaría esta entrega rememorando algunos de esos “turistas” sin nombre aún, que fueron los verdaderos precursores de los viajes de placer, identificando personas reales que inscribieron con sus relatos y aventuras su nombre en la historia. Empecemos, pues, de nuevo este viaje.

Los primeros viajeros: antes de que existiera el turismo

Los seres humanos somos curiosos por naturaleza y, por ende, tenemos un espíritu aventurero que algunos desarrollan más que otros. Hagamos un viaje imaginario en el tiempo y vamos 2.500 años hacia atrás, a una pequeña ciudad al borde del mar Mediterráneo, en Asia Menor, en lo que actualmente es Turquía: Halicarnaso.

1. Heródoto: el hombre entre dos mundos

Llegamos a Halicarnaso en el año 484 a. C. y lo que encontramos es un pequeño y activo puerto mediterráneo de idioma y cultura griega, ubicado en la conflictiva frontera entre Grecia y su mayor enemigo: el poderoso Imperio Persa, que la ha integrado a su gobierno.

A Halicarnaso llegan permanentemente comerciantes y marinos que vienen de Egipto, Fenicia y Asia. Imaginemos ese entorno: un puerto sin identidad propia, dominado por un imperio en el que pululan historias cruzadas y versiones del mundo conocido —muy pequeño en ese entonces— que se contradicen entre sí.

Es en ese lugar donde nace Heródoto, “el padre de la historia”, a quien ya habíamos mencionado anteriormente.

Heródoto no inició sus viajes por simple deseo de aventura, sino probablemente empujado por el exilio; sin embargo, una vez fuera, su forma de recorrer el mundo fue distinta: no solo se desplazó por territorios como Egipto, Fenicia o Asia Menor, sino que escuchó, comparó y recogió diversas versiones de la realidad, buscando entenderlas más que imponer una verdad.

Su origen, en una frontera cultural entre lo griego y lo persa, lo llevó a cuestionar todo lo que vio y escuchó, convirtiendo el viaje en un método: no viajó como conquistador ni comerciante, sino como observador. Y en esa forma de viajar aparece una intuición profundamente moderna: que el mundo no se comprende desde un solo lugar y que viajar puede ser, ante todo, una forma de conocimiento. Es por eso que Heródoto es mucho más que el “padre de la historia”: es también el primer “turista” de la historia.

2. Ibn Battuta: el viaje como sistema

Ibn Battuta, nacido en Tánger, Marruecos, en 1304, fue un viajero que inició su aventura a los 21 años para cumplir con dos propósitos: el primero, religioso —la hajj, el deber sagrado de todo musulmán de peregrinar a La Meca al menos una vez en la vida—; y el segundo, aprovechar su viaje para ampliar sus estudios jurídicos en Egipto y Siria.

Ese viaje, que debía durar un año, terminó convirtiéndose en una aventura de casi tres décadas. Ibn Battuta no dejó de desplazarse, recorriendo el norte de África, el Medio Oriente, Persia, la India, el sudeste asiático y China. En ese tránsito continuo, el viaje dejó de ser una obligación moral y se convirtió en una forma de conocer el mundo.

La importancia de Ibn Battuta en esta historia no radica únicamente en la distancia recorrida, sino en la calidad de su observación: no era un viajero neutral; se movía como jurista, como peregrino y, en ocasiones, como funcionario. Pero en sus relatos aparece algo más: observó, describió y comparó sistemas, costumbres y estructuras de los lugares que visitó con rigor y precisión.

En sus crónicas se advierte el testimonio privilegiado de una realidad que contrasta fuertemente con la Europa de su tiempo: mientras el continente europeo atravesaba lo que tradicionalmente se ha denominado “oscurantismo medieval”, en Asia y en el mundo islámico existían sistemas logísticos y de hospitalidad notablemente avanzados.

Posteriormente, cuando nos adentremos en el tema del alojamiento, volveremos a Ibn Battuta y a sus valiosas observaciones, recogidas en su Rihla —el relato compilado de sus viajes—. Por ahora, la lección que nos deja es clara: sus relatos no son solo un diario de viajes, sino una mirada a cómo funcionaba el viaje en su tiempo. En la Rihla aparece, con claridad, un sistema en marcha —hecho de rutas, controles y redes— en el que la hospitalidad no es un gesto aislado, sino una pieza esencial que hacía posible el movimiento.

3. Marco Polo: la invención del deseo de viajar

Ya habíamos hablado de Marco Polo, nacido en Venecia en 1254. De familia de comerciantes, partió siendo muy joven junto a su padre y su tío hacia Oriente, en una travesía que lo llevaría a cruzar Asia hasta la actual China, donde llegó a la corte de Kublai Khan, el emperador reinante en ese entonces. Durante años no solo fue testigo de un mundo distante, sino que lo habitó: recorrió territorios, observó sistemas de gobierno, describió ciudades, mercados y costumbres con un nivel de detalle poco habitual para su tiempo.

Su relato —conocido como Los viajes de Marco Polo— no solo informaba: fascinaba. Mezclaba observación con asombro, realidad con exageración, pero sobre todo abría una ventana a un mundo que para Europa era casi inimaginable. No era un tratado técnico ni un simple registro comercial. Era una invitación: por primera vez, el viaje no solo se justificaba por lo que producía, sino por lo que revelaba.

El viaje dejaba de ser solo desplazamiento para convertirse en descubrimiento. Y en ese descubrimiento comenzaba a aparecer algo nuevo: el deseo de ver con los propios ojos aquello que otros ya habían contado.

4. Antonio Pigafetta: el viaje como memoria

Recordemos el viaje de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano, la primera circunnavegación del globo terráqueo. En esa expedición los acompañó Antonio Pigafetta, noble veneciano y hombre de formación humanista, quien se embarcó en 1519 no como marino experimentado ni como comerciante, sino como acompañante y testigo. Su papel no era dirigir la travesía, sino observarla y escribir el relato de su aventura.

A bordo, Pigafetta no comandaba ni comerciaba. Observaba. Registraba lo que veía: pueblos, lenguas, paisajes, gestos. Anotaba detalles sobre culturas desconocidas, describía encuentros, interpretaba lo que no entendía. Su mirada no estaba puesta en la conquista, sino en la experiencia.

Su relato —cuidadoso, minucioso y, por momentos, sorprendentemente sensible— es uno de los primeros grandes testimonios del viaje entendido como algo más que desplazamiento o empresa comercial. Con Pigafetta, el recorrido se convierte en memoria.

Y en ese gesto —el de registrar el mundo para contarlo— el viaje da un paso más: no solo se vive, sino que se comparte. No solo ocurre, sino que se narra.

Los viajeros anónimos

Obviamente, esta historia se queda corta. Faltan muchísimos viajeros; la mayoría de ellos, porque fueron aventureros anónimos que no dejaron ningún registro para la historia.

Para entender lo anterior, vámonos a 1492, cuando el mundo se convirtió en lo que hoy conocemos. Entre los hombres que cruzaron el Atlántico con Colón había todo tipo de viajeros: quienes buscaban fortuna, quienes obedecían órdenes y quienes cargaban con la misión de expandir la fe. Pero es difícil no imaginar —aunque no figure en los registros— a uno distinto: tal vez un clérigo, sin rango ni misión definida, que no viajaba para convertir ni para administrar, sino para observar. Alguien que contemplaba el horizonte con una inquietud silenciosa y escuchaba las historias de marineros y cartógrafos con más curiosidad que convicción.

No hay evidencia de que haya existido. Pero su presencia resulta casi inevitable. Porque incluso en las empresas con objetivos más claramente definidos de la historia, siempre hay alguien que mira más allá de su propósito.

Con el Renacimiento, el deseo de viajar se volvió consciente. Viajar comenzó a formar parte del desarrollo personal. Jóvenes europeos recorrían el continente para educarse, para ver, para comprender.

¡Pero esto lo veremos en la próxima historia!


Bibliografía

Partes 1 a 4 — Fuentes principales
  • Arias, Francisco et al. “El turismo de salud: Conceptualización, historia, desarrollo y estado actual del mercado global”. Revista Clío América, N.º 11, Universidad del Magdalena.
  • Leed, Eric J. The Mind of the Traveler: From Gilgamesh to Global Tourism. New York: Basic Books, 1991.
  • Feifer, Maxine. Tourism in History: From Imperial Rome to the Present. New York: Stein and Day, 1986.
  • Buzard, James. The Beaten Track: European Tourism, Literature, and the Ways to Culture, 1800–1918. Oxford: Clarendon Press, 1993.
  • Withey, Lynne. Grand Tours and Cook’s Tours: A History of Leisure Travel, 1750–1915. New York: William Morrow, 1997.
  • Hibbert, Christopher. The Grand Tour. London: Weidenfeld & Nicolson, 1969.
Fuentes institucionales
  • Organización Mundial del Turismo (OMT / UNWTO). Glosario de términos turísticos. unwto.org
Fuentes históricas y literarias
  • Heródoto. Historias.
Fuentes de consulta general
  • Encyclopaedia Britannica. Artículos sobre historia del turismo, Imperio Romano, Edad Media y Renacimiento. britannica.com
  • History.com. Artículos sobre historia antigua, Edad Media y expansión europea. history.com

Nota metodológica: El presente documento se basa en una síntesis de fuentes académicas, institucionales y de divulgación histórica, contrastadas entre sí para asegurar coherencia narrativa y precisión conceptual. Dado su carácter editorial, algunas interpretaciones integran múltiples referencias en una misma línea argumental. Para uso académico, se recomienda consultar directamente las fuentes primarias señaladas.

Escríbenos

Ponte en contacto con nosotros para recibir más información de nuestros hoteles, restaurantes, eventos o crear una PQRSF.